El mini-retiro offline que atravieso, responde, entre otras cosas, a la llegada del buen tiempo. Por lo visto, mi organismo está programado para pasear y visitar terrazas cuando llega el calorcito {soy digna de estudio} aún a riesgo de sufrir alguna que otra lipotimia {tengo la tensión por el subsuelo}. Aunque online he estado inactiva, offline me he
mantenido bastante activa, boda incluida. Estoy ocupada con algunos encargos y el tiempo libre que me queda, lo dedico a la fotografía, no penséis que
me he pasado los días espachurrada en el sofá viendo Cougar Town. Para colmo, últimamente ando menos inspirada que de costumbre y estoy viendo llegar a la apatía, que todas las primaveras me visita. Como me dijo Ana, mis musas deben estar en alguna terracita tomándose una copa esperando que me pase por ellas. Pues que sean rapiditas con la cerveza, que tengo la neurona rebotando en el cerebro a punto de dimitir y esto no es serio.
Pero hoy por fin tengo algo interesante que contaros, y no es que milagrosamente aún recuerde como funciona blogger, sino que he recibido las fotografías que le encargué a Beatriz de El diván azul
Hacía tiempo que miraba su portfolio con
la boca abierta incapaz de decidirme por una u otra, así que le pedí ayuda a C. y
elegimos Suavidad y Libélula y probablemente no sean las últimas.
Venían muy bien empaquetadas en un sobre craft decorado con washi tape de lunaritos que me encantó. También me envió su tarjeta y una pequeña nota manuscrita muy cariñosa.
Cuando las vi al
natural, me quedé de pasta de boniato, eran aún más bonitas que en la web. Las tengo en el panel del estudio. Tienen un aire muy veraniego, con una luz y unas tonalidades preciosas.
Después de mirar y mirar y volver a mirar el portfolio de Beatriz, por fin tengo en casa dos de sus fotos, así que ahora me toca presumir un poco de ellas, ¿no?
Besos enormes.

