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Que llueva, que llueva... pero en Seattle {recomendación subliminal}

15 comentarios
Amanece otro hermoso y lluvioso día en Santiago. 
A punto estoy de convertirme en la increíble mujer-rana, pero no me voy a quejar, que luego quedo de cascarrabias y no me da la gana, que yo soy una bellísima persona... y modesta también, además, ya tengo consuelo. 

Hace unas semanas, en uno de esos momentos críticos de lluvia furiosa, cuando iba debajo del paraguas, con los ojitos güertos porque una abuelita espídica me estaba incrustando su paraguas en la cara y llevaba el abrigo chorreando porque todavía no han inventado un paraguas de cuerpo entero -¿dónde están las mentes brillantes cuando se les necesita?- y  pisé un charco como una piscina olímpica y noté el agua calando mis calcetines y estaba a punto de jurar en arameo y rezarle al pato Donald, me vino a la cabeza las fatiguitas que pasaron la risueña Sarah Linden y su guapérrimo compañero Holder en The killing.

 Una cosa os digo, es más que comprensible la cara de mostrenca de Sarah, el tiempo que tienen por allí es poco amable, por decirlo finamente, aunque no es lo único que le amarga, que menuda vida complicada lleva la muchacha.
Desde que conozco las penurias de estos dos, lo llevo mejor, ya se sabe, mal de muchos...

Sarah y Holder, además de mojarse todo el rato, a cualquier hora y en cualquier circunstancia, andan todo el día Seattle pa'rriba, Seattle pa'bajo, calados hasta los huesos, investigando un truculento asesinato ¡y sin paraguas, oiga! que se ve que ya todo les da igual y les da lo mismo mojarse que no, o lo perdieron en algún rincón de Seattle, vete tú a saber, que bastante tienen las criaturitas encima como para andar pendientes de un paraguas. Con lo estresante que tiene que ser resolver un asesinato, a mi también se me perdería el paraguas en cualquier cafetería... bueno, ya los pierdo, tres  concretamente, pero no quiero hablar de eso que me pongo cabreada como una mona triste.
No sé como no murieron de una pulmonía, ¡que se pasan el día con la ropa mojada! pero menos mal, porque me quedo sin saber quién mató a Rosie Larsen y me da algo.
Y no es que no me guste la lluvia, un buen chaparrón de vez en cuando, está bien, pero cuando te pilla en casa, calentita en el sofá, porque cuando tienes que salir y hacer la compra, ir a trabajar o al dentista y están cayendo chuzos de punta, no está tan bien. Y luego viene familia de Cádiz a visitarte y te dice cosas como: "Santiago está más bonito cuando llueve" ¿¿¿Perdonaaaa???
¡Hombre por favor! que estoy por comprarme un neopreno, pintarlo de verde y ser la mujer rana a tiempo completo, pero... ¿a qué venía todo esto?... Calla, calla, que parece que sale el sol... no, falsa alarma.